jueves, 27 de febrero de 2014

Úrsula

Úrsula es negra totalmente con algunas canas en su cara. Duerme casi todo el día pero, igual que todos los perros labradores, a veces se porta como cachorro.  Entonces muerde los tapetes y los arrastra por toda la casa retando a quien se los quiera quitar.

Está muy acostumbrada a su paseo matutino donde huele todas las novedades que los perros de la noche dejan en los pastos y en las banquetas. Muchas personas me detienen para comentarme que qué bonito perro, que si es macho o hembra, o que si quiero cruzarla.

Es una perra vieja y silenciosa parecida a la casa de adultos en la que vive. Su piel es suave y cálida. La mano se desliza con gusto por todo su cuerpo. Cuando llego de la calle me olisquea la ropa y los zapatos; así se entera de dónde anduve y con quién. Yo también la huelo a veces.

Cuando nos visitan los nietos se alerta, mueve la cola, aúlla y sale a recibirlos. Corre con ellos en el jardín, nos gana la pelota y masca los juguetes descuidados. Cuando se van, cae rendida hasta el día siguiente. Se levanta temprano a esperar el nuevo paseo.

miércoles, 26 de febrero de 2014

El Pollo Carlos

El Pollo Carlos tenía ese sobrenombre porque así le decían en el colegio a todos los Carlos. Pero entre quienes los conocimos sólo había un pollo y no era necesario especificar a cuál nos referíamos. Era famoso por dicharachero, revoltoso y problemático. Pero algún mérito tendría porque lo pusieron al mando del pequeño pelotón al que yo pertenecía;  tenía el encargo de darnos la instrucción militar para desfilar un Cinco de Mayo. Nos gustaba hacerlo repelar aun con riesgo de ganarnos un arresto. Sus regaños nos hacían reír cuando no nos veía.

"Son un hato de mulas estúpidas" nos gritó una tarde mientras pateaba el suelo con la cara enrojecida. Más nos reímos.

El Pollo era alto y esbelto. Tenía la piel morena y el cabello lacio y negro. Los ojos y los pies, grandes. Caminaba dando chanclazos y aventando los pies para afuera, más como pato que como pollo. Lo imitábamos cuando miraba para otro lado.

Contaba sus historias siempre con gracia y rematando con carcajadas. Parecía que nunca podríamos ser más listos que él porque en cuanto notaba que alguien quería superarlo, respondía con chascarrillos y con groserías. Andar con él era una fiesta continua aunque había el riesgo de terminar respado para que todos
los otros se rieran.

Dejé de verlo muchos años. Lo volví a encontrar en un refugio de los alcohólicos anónimos. Se había vuelto más reflexivo y su risa era una sombra de sus anteriores carcajadas. Había perdido algo de pelo, pero una lucecita se conservaba en su mirada.

Me apenó saber que sus años de adulto y de viejo los pasó visitando los cafés del centro de Puebla. Buscaba a sus antiguos compañeros, o a cualquiera que se dejara, para venderles un lápiz o para que lo invitaran algo que le sirviera de desayuno. Me dijeron que se casó cuatro veces y que ya murió. Me habría gustado encontrarlo en alguna de estas calles poblanas.

martes, 25 de febrero de 2014

El lenguaje complicado de Osorio Chong

Reforma publica hoy( 25 Feb. 2014) una declaración del secretario de gobernación respecto a la posible deportación del Chapo Guzmán:
Osorio Chong mencionó que el Gabinete de Seguridad se reunirá para tomar la decisión al respecto de permitir o no la extradición de Guzmán Loera a los Estados Unidos.

"Estamos sabidos que van hacer esta solicitud de extradición pero habremos de tener la información que requerimos, habremos de procesar para tomar la decisión correspondiente, tendrá que reunirse el Gabinete de Seguridad para tomar la determinación que mejor convenga y que corresponda con este momento que estamos viviendo", dijo.

¿Que qué? ¿Desde cuándo se dice 'Estamos sabidos' para decir 'Sabemos'?

Y luego: "habremos de tener la información que requerimos". También podría haber dicho: requerimos tener la información que requerimos. O 'necesitamos tener la información que necesitamos'.

"habremos de procesar..." Le encanta decir habremos. Habremos de pensar qué quiso decir.

"tomar la decisión correspondiente..." ¿Las decisiones corresponden, o quiso decir 'conveniente'?

"tendrá que reunirse el Gabinete de Seguridad...". Mejor hubiera dicho 'habremos de reunirnos'.

"tomar la determinación que mejor convenga... ". En lugar de 'decidir', el gabinete de seguridad 'toma determinaciones óptimas.

"que correspondan con este momento que estamos viviendo" No se vayan a equivocar y la decisión corresponda al momento que esté viviendo alguien diferente.

En resumen: el secretario pudo haber dicho: "Sabemos que EU solicitará la extradición. Cuando tengamos más información, tomaremos una decisión". Pero eso es muy breve y suena vulgar. Lo político es decir lo mínimo con el máximo de palabras.

lunes, 24 de febrero de 2014

Para agilizar el tráfico en Puebla

Las calles del centro de  Puebla son estrechas. Caben tres carriles apretados.  Un carril se usa, generalmente, para estacionar. Todo el tráfico debe circular por dos carriles. Si un camión se detiene  o si alguien se estaciona en doble fila, el tráfico se reduce a un carril y se producen atascos inmediatamente.

EL PROBLEMA
En calles como la Reforma, la 3 sur, la 4 norte y otras muchas, los automovilistas frecuentemente se estacionan en doble fila.  Muchas calles de Puebla funcionan permanentemente con un solo carril. Quienes vienen detrás de alguien que se estaciona en doble fila, deben cambiarse de carril a pesar de la resistencia de los otros automovilistas. Esto crea un ambiente hostil y animadversión entre los conductores.

SOLUCIONES QUE NO FUNCIONAN
Que los policías de tránsito a pie o en motocicleta recorran las calles conflictivas e impidan estacionarse en doble fila. No funciona porque en cuanto el infractor ve que que está el policía, sube a su coche y arranca o promete que sólo será un minuto. Si el dueño del auto no aparece, el agente tiene la opción de llamar a la grúa, o de sonar su sirena con la esperanza de llamar la atención del infractor. En cualquiera de los casos, el chófer del auto podrá irse impunemente después de pedir perdón al policía.

Tampoco funciona poner a un agente a pie encargado de dos o tres tramos de una calle. Cuando al agente llegue a retirar un auto mal estacionado, éste ya habrá terminado o el chófer le pedirá que le permita un minuto más.

No funcionan estas medidas porque los infractores no pierden: si no aparece un agente, el infractor arregla su asunto y se va. Si aparece, también se va. Si algo queda pendiente, regresa al rato o se mete a un estacionamiento que es lo que debió hacer desde el principio. Los conductores optan por arriesgarse sabiendo que no tienen nada que perder. Las circunstancias están arregladas para favorecer al infractor.

POSIBLE SOLUCIÓN QUE PUEDE PONERSE A PRUEBA
Las "fotoinfracciones" para quienes exceden los límites de velocidad en ciertas avenidas de Puebla, están funcionando. En la Recta a Cholula, por ejemplo, la velocidad promedio ha disminuido. Muchos conductores han recibido por correo su orden de pago junto con la evidencia contundente de la falta que la motivó. Funcionan  porque el proceso es automatizado. Los conductores han aprendido que hay  una probabilidad alta ser multados y optan por no correr el riesgo. Las circunstancias están arregladas para sancionar al infractor.

Algo semejante puede hacerse con los automovilistas mal estacionados que atoran el tráfico. Para tomar la foto, los agentes de tránsito a cargo pueden portar una cámara y retratar a los vehículos infractores. En la foto aparecerá la placa, el lugar, la fecha y la hora. El agente no tiene que esperar al conductor ni discutir con él. Toma la foto y sigue su camino. Las fotografías se usarían para enviar notificaciones a los domicilios.

El principal requisito para que este sistema funcione es que los posibles infractores no puedan adivinar si el agente fotógrafo está en funciones por ahí cerca.

Sin duda, después de que se emitan las primeras infracciones y se corra la voz, el tráfico en el centro de Puebla se agilizará.
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Las siguientes fotografías ilustran la viabilidad de la solución propuesta. Todas las fotografías se tomaron alrededor del Paseo Bravo en menos de 20 minutos. 24 de Febrero 2014.


 Auto y camión parados en Avenida Reforma. Encienden sus luces intermitentes como para disculparse.


Varios autos en doble fila. Sólo queda un carril para circular. 13 Norte.

En Avenida Reforma

El chófer y su ayudante se bajaron a comer una garnacha




sábado, 15 de febrero de 2014

El temor diario

Todos los días me digo que es peligroso y que debería yo dejar de hacerlo. Pero el Choco, mi perro pastor, está muy acostumbrado a su paseo por las calles cercanas. Ya es un perro viejo pero conserva algo del aspecto amenazante que tuvo en su juventud. Además, todos dicen que es bueno caminar diariamente unos treinta o cuarenta minutos. Eso es lo que hago a pesar de mis temores.

Antes sólo iba yo a pasear los sábados y domingos. Ahora que tengo menos obligaciones, lo hago diario. El Choco observa todos mis preparativos para salir: buscar un sombrero, ponerme un chaleco y vaciar mis bolsillos para no llevar identificaciones, ni dinero, ni teléfono. Si alguien me asalta, no conseguirá mucho.

No es mi imaginación pesimista. En mis paseos encontraba frecuentemente a un señor que caminaba y trotaba por las mismas calles. Era más joven, más alto y más fuerte que yo. Después de lo que le pasó no he vuelto a verlo. Espero que esté bien; me apenaría que lo hubieran lastimado.

Caminaba muy rápido. En ocasiones, lo encontraba dos veces en la misma caminata: cuando me alcanzaba y me dejaba atrás, y cuando ya venía él de regreso. Yo avanzo con lentitud porque el Choco se detiene a oler y porque volteo constantemente a ver quién está cerca de mí.

La última mañana que lo vi, se acercaba caminando de prisa, respirando ruidosamente y con los puños cerrados. Estaba a unos quince metros cuando una camioneta de pasajeros, verde, sin placas y con vidrios obscuros se detuvo junto a él. Por una puerta lateral bajaron tres hombres que lo sujetaron bruscamente y lo forzaron a subir a la camioneta.

El no se resistió. Casi podría yo decir que colaboró con sus secuestradores. Decía que sí, que sí, y se veía muy asustado. No más que yo que, paralizado, vi las pistolas y escuché los gritos y los insultos. Cuando el último de los captores se subía a la camioneta, todavía con un pie en la calle volteó a mirarme.

Tenía un gorro tejido negro. Lentes obscuros y toda su ropa negra también: sudadera, pantalón y una gran hebilla metálica en el cinturón. Sus botas altas, bien ajustadas. Su cuerpo parecía de mujer. Tuve la impresión de que iba a decirme algo. Le gritaron que se subiera ya, con un carajo. Cerró la puerta y arrancaron. Las noticias no dijeron nada del asunto.

Mientras paseo, vigilo a los pasajeros de los coches cercanos. Busco a quienes tengan gorros negros y anteojos obscuros. Planeo qué hacer si me sujetan y quieren subirme a una camioneta. ¿Es mejor cooperar con los captores o resistir y esperar un balazo confiando que no sea mortal? Pienso que tal vez el Choco, con su aspecto de perro bravo, me ha protegido de los peligros del paseo diario por las calles cercanas.

El ejercicio consistió en escribir un relato ficticio en el que el autor apareciera como actor.

viernes, 14 de febrero de 2014

La palabra de hoy: Sombrilla

Ejercicio de escritura sobre una palabra sugerida por alguien más.

La palabra fue: Sombrilla.

Mucha gente dice 'me vale sombrilla' para indicar que algo no le importa.
-Si no haces la tarea no podrás ir a la fiesta
-Me vale sombrilla

-Como sigues de borracho, terminamos
-Me vale sombrilla

-Te vas al bote
-Me vale sombrilla

Es injusto para las sombrillas. Para empezar su nombre es muy adecuado y descriptivo. Hasta un niño lo entiende: un sombrilla es una cosa que produce una sombra chiquilla. Antes se llamaban 'paraguas' que también es un nombre correcto: una cosa para el agua. Y  todavía antes se llamaban 'quitasol' o 'parasol'.

Las sombrillas nos protegen del sol y del agua. Son como un arbolillo que llevamos a todas partes. También nos protegen de los asaltantes ya que podemos usarlas para golpear y picar.

Las sombrillas que usamos actualmente deben ser invento del siglo 19, el siglo de las maravillas mecánicas. Tienen un delicado y liviano sistema de varillas que se contraen y se extienden con el simple movimiento de la argolla central. Algunas se achican tanto que caben en una bolsa de mujer. Es cierto que hay pinturas antiguas, europeas o chinas o japonesas en las que aparecen sombrillas, pero no tan manejables ni tan ligeras como las que tenemos ahora. En muchas pinturas aparece un sirviente cargando la sombrilla del poderoso.

Hay muchas cosas prescindibles que podríamos usar para indicar desprecio. Ahí está un comino, que ya se usa y tiene cierta utilidad como ejemplo de lo inútil. Podemos pensar también en un ajonjolí, o en una lenteja que rezumba y suena. Las sombrillas no son, como hemos visto, objetos inútiles ni desdeñables. En estos días de cambio climático,  serán cada vez más necesarias.

lunes, 10 de febrero de 2014

La palabra diaria (3/3): Árbol

Quizá cuando descubramos vida en otros planetas, seamos incapaces de entenderla. Aquí en la tierra comprendemos muy mal la vida de seres, como los árboles, con los que estamos muy familiarizados. No se aplican a los árboles las categorías tradicionales de pensamiento con las que entendemos el mundo que nos rodea.

Hablamos de emisores o receptores, de acción o pasión, de conducta voluntaria o refleja, de razones o emociones Pero las cosas que hacen los árboles difícilmente entran en alguna de esas categorías que nos sirven para describir el comportamiento animal pero no tienen sentido con los árboles.

Y sin embargo los árboles, plantados e inmóviles, actúan; o quizá deberíamos decir participan en eventos. Para reproducirse, muchos árboles simplemente tiran las semillas o las sueltan para que las lleve el viento. Si sólo eso sucediera, podríamos estar tranquilos pensando que son pasivos y no hay porqué cambiar nuestras categorías de pensamiento. Pero hay árboles que arrojan sus semillas lejos de sí, con tanta fuerza que duele a quien golpean. Las semillas están en vainas que al secarse entran en tensión hasta que finalmente la vaina se abre bruscamente y avienta las semillas. ¿Es una acción o una pasión, un propósito o un reflejo? No cabe en ninguna de las dos clasificaciones.

Ahora se ha descubierto que los árboles mantienen ciertas formas de comunicación, o de transmisión de información, mediante el contacto de sus raíces. También, cuando los insectos o los humanos atacan a un árbol, este emite señales químicas que preparan a los vecinos para resistir la agresión. Los árboles se ayudan mutuamente y, en cierto modo, saben lo que pasa en su entorno.

Si esas cosas que suceden frente a nosotros nos resultan tan extrañas ¿entenderemos la formas de vida en otros lugares del universo?

viernes, 7 de febrero de 2014

La palabra diaria (2/3): Invierno

(Ejercicio de escritura diaria a partir de una palabra que alguien te sugiere)

El 6 de febrero la palabra fue: INVIERNO.


En México tenemos poca conciencia de las estaciones. Quizá porque estamos al sur del trópico de cáncer. Las casas mexicanas no están pensadas para el invierno: ni tienen calefacción ni conservan el calor. Pero sí hace frío. En Diciembre y Enero, nos sentamos en la sala a ver televisión con tres chamarras, como veladores de construcción.

El invierno se asocia con el fin de la vida. La primavera con la adolescencia y 
juventud. El otoño con los últimos años productivos. ¿Cuál es el verano de la vida? 
Tendría que ser la edad adulta con todos sus ardores, pero se les acabó la 
imaginación a los poetas.

Ni los niños ni sus maestros entienden por qué las estaciones se producen a causa del eje inclinado de la tierra y no por la distancia al Sol.

Es posible que la ubicación geográfica se la madre no sólo sea la de la Historia, sino también de la Astronomía, que fue la primera ciencia. Tal vez la ignorancia científica de los países tropicales tenga entre sus lejanos orígenes la poca conciencia de las estaciones.

jueves, 6 de febrero de 2014

La palabra diaria (1/3): Perro

(Ejercicio de escritura diaria a partir de una palabra que alguien te sugiere)

El 5 de febrero la palabra fue: PERRO.

Un científico investigó qué es lo que quieren los perros. Nadie se había hecho esa pregunta. La respuesta es sorprendente: por sobre todas las cosas, los perros quieren pertenecer a una pandilla. No les importa si los otros miembros de la banda son humanos o perros con tal de que ellos estén incluidos.

Entre los peores tormentos que le podemos dar a un perro es excluirlo de la acción; mandarlo solo a la azotea o amarrarlo en un patio en el que no pasa nada.

Salir a pasear con la pandilla, olisquear las novedades y dejar nuevos avisos. Qué más puede pedírsele a la vida. Apenas vislumbramos, los humanos, lo que es el olfato para el perro. Si un perro te huele, sabe dónde has estado, a quién tocaste. Si huele un pedazo de banqueta, sabe quien pasó por ahí. Con la vista conocemos el presente; el perro, con su olfato, ve el pasado.

Me molesta cuando aprovechamos el interés del animal para que nos haga el trabajo sucio: atacar a nuestros enemigos; detectar explosivos y drogas; pelear a muerte con otro para que ganemos una apuesta.

Para darle a un perro lo que quiere, sólo hay que dejarlo estar cerca. Con eso, sabrá que es miembro de la pandilla.

domingo, 2 de febrero de 2014

Vida en Puebla (12/12): Adiós a la vida poblana

Pensábamos que nuestra casa de Puebla sería la última, pero es posible que nos mudemos nuevamente de ciudad. Si las cosas resultan como parece, nos iremos a una casa muy chica en la que no cabrá todo lo que tenemos.
Nos decidimos a construir esta casa en Puebla porque ninguna de las que vimos en venta nos serviría. Las casas que te ofrecen no tienen dónde se pueda poner un escritorio, unos libreros o un instrumento musical, ni dónde guardar herramienta.
Tenemos una enorme sala-biblioteca y esperábamos que nunca se llenaría. Me dolerá tener que deshacerme de los libros que no podremos llevar; casi todos. Los libros nos unen con el pasado. Son un catálogo de nuestras curiosidades. Muchos familiares y amigos que han pasado por esta casa han dejado en la biblioteca algún libro o cuaderno. Tenemos también  restos de las viejas bibliotecas de Jorge, mi suegro y de mi papá.
En nuestra biblioteca están las aspiraciones de lectura que tuvo papá hace más de sesenta años cuando compró la colección Austral que nos acompañó desde la vieja casa de Reforma. La rescaté cuando murió mamá y  vendieron la casa nueva de la Calzada de los Fuertes.
Cuando Jorge quitó su casa de Manzanillo, regaló todos sus libros, que consideraba su mayor tesoro. Él amaba el mar y compró muchos libros de marineros. Aquí tenemos su Gran Libro de los Océanos y los cinco volúmenes de la Enciclopedia General del Mar; además cuatro volúmenes de Historia Mundial y las colecciones completas de premios Nobel y de maestros rusos empastados en piel en los que Patricia, adolescente, se aficionó a la lectura. También están algunos libros de budismo tibetano. Estos libros pasaron de Manzanillo a Morelia y luego a Puebla. En un lugar especial está el libro titulado "Construyendo el mañana; viviendo intensamente el presente" que Jorge escribió y mandó imprimir. 
Me sorprende que no haya libros de Carmelita, mi suegra. Era una gran lectora de teatro, de novelas del siglo 19 y de lo que encontraba en su casa. Cuando fue perdiendo la vista, leía con ayuda de una lupa. Cuando ya la lupa no sirvió, Jorge le leía en voz alta. Tampoco hay libros de mi mamá. No recuerdo haber visto que leyera nada con excepción de algunos documentos religiosos y la revista proceso.
Alina, una hija, dejó aquí varias cajas de libros fotocopiados y engargolados de cuando estudió su maestría de neurociencias. Ya no sirven y son lo primero que se irá a la basura. Gonzalo, quien fue su esposo durante un tiempo, dejó varias novelas policíacas y de ciencia ficción. Mis nietos tienen una repisa con libros de cuentos y de Harry Potter.
Hay un librito, casi edición casera, que el Instituto de Cultura de Michoacán imprimió con poesías de mi otra hija, Viviana, que quería ser poeta cuando estaba saliendo de la adolescencia. Se le quitaron las ganas en la facultad de Filosofía y Letras. Ahora es pintora. Ella dejó muchos libros de poesía y de pintura. Manolo, quien fue su pareja unos años, dejó en la biblioteca un portafolio con borradores de dibujos y diseños.
Cuando murió la prima Martha,  muchos de sus libros de Psicología y Psicoanálisis vinieron a dar aquí. No sobrevivirán.
Patricia, que es psicóloga por estudios pero historiadora por vocación, tiene una gran cantidad de libros de historia de México. También sus colecciones de revistas National Geographic, Vuelta y Letras Libres fueron creciendo menos de un centímetro por mes y ya miden varios metros. Hay que contar también sus libros universitarios de Psicología y Educación.
De lo que yo he puesto, casi todo está obsoleto: Computación, Psicología y Educación. Aun los libros de Estadística, que parecían definitivos, ya quedaron superados. Casi nada sobrevivirá. También están los papeles que representan mi pasado: diplomas, constancias, copias de publicaciones en las que  aparece mi nombre, recortes de periódicos. Temo que mi pasado puede borrarse si esos papeles desaparecen.

A pesar de la anunciada muerte de los libros impresos, la sala-biblioteca ya está llena. Para la casa chica a la que posiblemente nos mudemos, resultarán muy adecuados los libros electrónicos que no ocupan espacio. 
A ver cómo nos va porque cambiar de ciudad es volver a empezar.

sábado, 1 de febrero de 2014

Vida en Puebla (11/12): Hacerse viejo

Hacerse viejo es un proceso extraño en el que todo es novedoso. Al principio no lo siente uno, pero el mundo empieza a dar avisos. Puede ser que una mañana frente al espejo veamos a un desconocido que nos mira sorprendido. O puede que en una foto reciente, tardemos en reconocernos. O que hagamos una imprudencia al manejar y alguien nos grite 'viejo, fíjate'.  También puede ser que la gente que encuentras en la calle te mira como si fuera a reírse. Y no es que se te haya bajado el cierre del pantalón sino que se te olvidó peinarte.
Al comprar una medicina, la dependiente amable te informa que con tu credencial de INAPAM tendrás descuento. -¿Pues qué, de plano ya me veo muy viejo o qué?- O en el metro de la ciudad de México, el policía te abre la puerta para que pases sin pagar. Nomás de verte ya sabe que eres adulto mayor, y tú todavía no lo sabes.
Si quieres subirte a una mesa para cambiar un foco, provocas una conmoción y te dicen que te esperes, que ahorita viene un muchacho para hacerlo. Si insistes, te ofrecen su brazo para que te apoyes y te abrazan las piernas mientras estás arriba. Cuando bajas, te regañan por necio. Vas a comprar el garrafón de agua como siempre y un buen día el vendedor se ofrece a cargarlo para que tú no lo hagas. Mi peor experiencia fue cuando una muchacha me cedió su asiento en un camión de la ciudad de México, un día que andaba yo tramitando mi jubilación.
Poco a poco te vas haciendo comodino. Si quieren cargar tu garrafón, pues que lo carguen. Si te ofrecen descuento, muestras tu credencial del INAPAM.
Llega un día en que la imagen en el espejo se convierte en tí y te reconoces en las fotos rápidamente. Pero ahora, cuando ves una foto vieja tuya, sabes que eres tú pero casi no sabes nada de ese joven que te mira desde el pasado.

Las cosas que siempre te interesaron, pierden importancia. -¿Conservarme lúcido?  Sí, pero qué flojera- No quiero leer las noticias ni los comentarios importantes del día. Para qué tratar de entender la nueva estadística. Uno lee y estudia para tomar mejores decisiones, para entender mejor el mundo, para impresionar a quien se deje. Pero ya no hay muchas decisiones que tomar ni a quien impresionar, y todo lo que leo se me olvida al otro día