jueves, 24 de julio de 2014

EL ENFERMO Cuento

Rafa
Aunque yo no quería hacer fiesta, Susana invitó a los amigos a celebrar mi cumpleaños. No tengo nada que platicarles ni ellos saben de qué hablar conmigo porque no hay mucho que decirle a quien ya tiene tarjeta roja. De todos modos, es mejor que me vean en la casa y no el hospital, donde estaría si me hubieran operado. Habría sido un gasto grande y desesperado porque no teníamos ninguna seguridad de que sirviera.
Yo creo que también Susana prefiere que me haya quedado en paz en la casa. Se siente culpable pero en el fondo debe saber que esto es lo mejor para su futuro. Me imagino que dentro de cinco años ya no se acordará de esta enfermedad mía y será una abuela que difrute a sus nietas adolescentes cuando vengan a visitarla.
Pobre Susana, ahora trata de poner buena cara con las visitas pero ha tenido los ojos llorosos desde que me dieron el diagnóstico. Al principio trataba de convencerme de la operación y de hacer la lucha, pero ya no dice nada. Imaginarme su futuro de viuda pobre es lo que me acabo de decidir a no operarme porque quizás ella tendría que vender la casa. Si se fuera a vivir con Susy y el yerno y las nietas, iban a acabar todos enojados y queriendo mandarla a un asilo. Ella está fuerte y podrá vivir diez o quince años más. Tendrá su pensión de viuda y mejor que tenga también un colchoncito para emergencias para que no esté tronándose los dedos cada fin de mes. Ella fue la que hace años propuso que si alguno de los dos enfermara, no gastáramos todos los ahorros tratando de salvarlo. No se le cumplió lo que decía en esos días, que se quería morir primero que yo.
Cáncer en el estómago. Suena horrible cuando te lo dicen, pero son las palabras las que te asustan. No podía creerlo, como si fuera yo inmune. Primero fue el susto y después el enojo con el doctor porque me pareció que pensaba más en su negocio que en los enfermos. Luego entendí que el cáncer es una de las muchas caras de la muerte inevitable. Yo esperaba vivir diez años más y aun si llegara a los ochenta querría tener un poco más: un día, una hora. La muerte siempre nos sorprende por más que sepamos que ya está aquí.
De plano le pregunté al doctor cuánto tiempo me daba. Se hizo el remolón pero al final dijo que cuando mucho un año después de la operación. Menos, si no lo hacía. Después de dudarlo y discutirlo en familia, me quedé con la pura quimioterapia. Mentira que la han mejorado mucho y ahora es muy tolerable. ¿Qué vida es ésa, intoxicado ?
Me hubiera gustado que Susana y yo nos divirtiéramos más y que saliéramos a pasear; que nos riéramos como cuando éramos novios. Salíamos poco porque era difícil ponernos de acuerdo y con los años se va uno acostumbrando al otro como si fuera parte de la casa. Ahora con mi enfermedad, menos ocasión tenemos de pasar un buen rato.
Sólo me alegro con mis nietas, que son pura diversión, lo mejor de la vida. Les hago las mismas bromas que le hacía a Susy cuando era chica. Me hacen reír con sus ocurrencias. El otro día me dijeron que soy muy chistoso. Prefiero que así me recuerden y no en una triste cama de hospital. Ya se dan cuenta de que algo anda mal conmigo porque casi no me levanto y estoy flaco como esqueleto. Espero que les vaya bien.
Me alegro de que esta fiesta termine temprano porque ya me cansé. Ya empiezan a irse mis amigos. Me dan largos abrazos aunque no me puedo parar. En la puerta, hablan con Susana que sonríe y les agradece con la cabeza. No oigo lo que le dicen pero sé que le están dando el pésame.


Susana
Yo no tengo nada que celebrar. Sólo porque el doctor dijo que hay que darle calidad de vida a 'don Rafa' me animé a hacer su fiesta de cumpleaños. Lo odio cuando se pone con la actitud heróica de dejarse morir con el pretexto de guardar el dinero para mi viudez. Hizo lo que le dio la gana y no escuchó cuando le dije que se operara, que no me importaba el dinero. Hay miles de viudas que ven cómo le hacen y salen adelante, aunque sea vendiendo chácharas.
El doctor dijo que cuando menos tendría un año extra pero podrían ser tres o cuatro. Me parece que se acobardó. Prefiere morirse para no ser un enfermo eterno que gasta todo el dinero en medicinas y dependa de mis cuidados, como si eso fuera deshonroso. No le importa que yo me vaya a quedar sola, ni que pareciera que lo dejé morir sólo para no gastar. Ahora ya se pasó el tiempo de la operación y no hay nada más que hacer.
Susy dice que venda la casa y me vaya a vivir con ellos. Me da la impresión de que lo dice de dientes para afuera, porque casi desde el principio me llevó la contra y apoyó a Rafa para que no se operara. No quiero pensar mal, pero se me hace que también tenía un ojo puesto en el dinero y en que debería mantenerme tarde o temprano. No me iré con ellos. Me quedaré en esta casa con mis macetas, mi costurero y mi cocina. Me sacarán con los pies por delante. No quiero depender de Susy y de su marido.
Cáncer en el estómago. Con razón llevaba más de un año quejándose de la barriga y de que todo le caía mal. No era cosa de la edad como él decía para no ir al doctor. Desde que supimos el diagnóstico, se vino para abajo. Dijo que los doctores eran unos chupasangre y que no quería dejarme en la miseria sólo para vivir un poco más. Luego empezó a poner en orden los papeles de los bancos, dizque para que el día de su entierro no anduviera yo como ratón, revolviendo papeles, ni tuviera que pedir prestado para su caja. Me da coraje porque nunca le vi ganas de luchar. Que no salga ahora con que se sacrificó por mí. Se lo he dicho muchas veces: no me importa el dinero. Lo que yo quisiera es alargar su vida y que la disfrute.
Me salió con Séneca y los estoicos. Eso de la muerte razonable está bien cuando nadie te quiere. Pero él tiene familia y muchos amigos que están aquí con la cara larga. ¿No se dan cuenta los filósofos de que quienes sufren son los vivos y no el que ya se murió? No se me quita la idea de que está siendo egoísta al dejarse morir. Piensa en el ahorro pero no en mi soledad ni en sus nietas que van a enfrentar su muerte y lo van a extrañar por mucho tiempo. ¿Quién les contará chistes y les enseñará trucos de magia?
Ya le encargó a Susy y a su marido que me cuiden. Se imagina que voy a estar en mi mecedora esperando que vengan a visitarme. Es verdad que en los últimos años casi no salíamos porque se volvió muy tacaño desde que se jubiló. Pero no me voy a quedar encerrada como monja ni necesito que Susy esté pendiente de mí. Tengo mis amigas.

Es su fiesta y ya está con cara de desamparado. ¡Pobre! Esa ropa que se puso le quedó grande porque se ha encogido como camarón. Sus piernas y brazos parecen huesitos de pollo y el cinturón casi le da dos vueltas. Todos los amigos que vinieron me dicen que cuente con ellos. A ver si luego no tengo que andar pidiéndoles prestado.