miércoles, 30 de abril de 2014

¿Qué sucede con las donaciones a Avaaz?

 Me llegó este correo que quiero compartir.
                                  
Querida comunidad de Avaaz,

Estoy constantemente agradecido por el nivel de confianza que los donantes de Avaaz depositan en nuestro trabajo cada mes y quería asegurarme de que supieran qué sucede después de tomar la importante decisión de mantener la esperanza y contribuir.

Por ejemplo, miren esto:

                                   Malvinas

¡Vamos a preservar un bosque! Entre más de 90.000 personas recaudamos lo suficiente para donar un millón de dolares a organizaciones de conservación ambiental como Rainforest Trust para comprar dos lotes de tierra en Borneo que permitirán conectar este refugio natural y así asegurar que los orangutanes sigan vivos en nuestro planeta.

Me encanta este trabajo :)

Estas niñas son un segundo ejemplo maravilloso:

    Syria

Yamama y su prima Hayat son refugiadas sirias y están yendo a la escuela en parte gracias al desafío de un millón de dólares que nuestra comunidad le lanzó a países donantes para salvar a una generación perdida de niños sin acceso a la educación en Siria. Nos acabamos de enterar de que los países asumieron el reto, prometiendo más de 100 millones de dólares. El enviado especial de la ONU para la Educación, Gordon Brown, ha dicho que nuestro esfuerzo fue "magnífico" e "importante para lograr que los gobiernos contribuyeran".

Y la tercera historia es la de Gaby:

Syria

Gaby Lasky es una abogada israelí que está trabajando con los líderes del movimiento no violento palestino y con un equipo incansable en la defensa de cientos de activistas pacíficos que se enfrentan a cargos falsos. ¡Nuestra comunidad consiguió reunir $225.000 dólares para apoyar sus esfuerzos!

Hay muchas más historias que contar, pero el principal destino de las donaciones de nuestra comunidad ha sido la lucha contra el cambio climático...

Climate

Aquí tenemos al comisionado filipino para el cambio climático ante la ONU, Yeb Sano, entregando una gigantesca petición encabezada por Avaaz a los negociadores mundiales del clima.Nuestra campaña para combatir el cambio climático, apoyada por decenas de miles de donantes mensuales, tiene a un equipo que trabaja noche y día para obligar a nuestros gobiernos a que reaccionen ante esta crisis. Haz clic aquí para leer un detallado informe sobre el diverso trabajo que hace nuestro equipo contra el cambio climático.

Pero no es solo el dinero que logramos donar como comunidad, sino CÓMO lo recaudamos lo que nos distingue como una fuerza de cambio en el mundo. Aquí encontrarás tres cosas que nos hacen especiales:

  • Nuestra comunidad manda. No aceptamos (¡nunca!) dinero de gobiernos, empresas, fundaciones o grandes donantes, haciendo de nuestra comunidad nuestro único jefe. La mayoría de las organizaciones sin ánimo de lucro están financiadas por gente muy rica, cuyas preferencias determinan enormemente el trabajo que hacen.
  • Somos súper rápidos. A las grandes fundaciones y donantes les puede llevar meses o años recaudar dinero, incluso para problemas urgentes -- ¡sin embargo nosotros podemos recaudar más de un millón de dólares en pocas horas!    
  • Estamos en lo político. Puesto que nuestras donaciones no son deducibles de impuestos, no tenemos restricciones gubernamentales a la hora de señalar a los políticos; y la política es el campo donde se ganan y se pierden muchas batallas para defender nuestro planeta.
En parte por nuestro modelo único y récord de impacto, el número de miembros de Avaaz que eligen donar se ha disparado, ¡ya casi llega al millón!  

                                  donors

La mayoría del dinero recaudado va a las campañas de Avaaz, pero también donamos una buena parte. Hasta la fecha, hemos donado más de ocho millones de dólares a causas humanitarias u organizaciones afines que están haciendo un gran trabajo con pocas posibilidades de financiación por parte de corporaciones y fundaciones. Se trata de organizaciones como “The Equality Effect”, para quienes nuestra comunidad recaudó 300.000 dólares el año pasado. “Estamos enormemente agradecidos con los miembros de Avaaz por apoyarnos para garantizar que las leyes de Kenia y Malawi protejan a estas niñas que están expuestas a la violencia más aterradora del mundo”, dijo la directora de esta organización.

           grants

Algunos critican el activismo por inútil o por ser un mero efecto placebo, y a veces están en lo cierto. Sin embargo, Avaaz ha recibido premios por su efectividad y nosotros sabemos que un gran componente de por qué somos una fuerza única de cambio en el mundo está en que nuestra voz tiene la fuerza de millones -- y además contamos con recursos 100% ciudadanos para respaldar nuestras campañas. Y esto apenas está comenzando :)

Con enorme gratitud y respeto por todo lo que cada uno está contribuyendo,

Ricken y todo el equipo

PD. Todos nuestros movimientos financieros se revisan anualmente, y cada año se nos declara en perfecto estado. Puedes ver las actas de auditoría y más información financiera aquí
                  
           
           

lunes, 21 de abril de 2014

Médico y Marino

En el puerto de Manzanillo, Colima, ya no deben quedar muchas personas que recuerden al doctor Jorge Alatriste. Sin embargo, en otros tiempos, tenía fama de médico milagroso. Curaba desde picaduras de alacrán hasta deseos suicidas. Su consultorio estuvo primero en la calle de Nicolás Bravo y luego en la calle México. Allá iban a buscarlo cuando había casos difíciles: hombres furiosos, mujeres desesperadas o niños asustados. Él podía apaciguarlos.
Llegó a Manzanillo en 1948 como encargado del servicio de sanidad naval de la Armada. Era un médico recién graduado y tenía el grado de teniente de corbeta.  Hay una vieja fotografía que él tomó del puesto de salud a su cargo. Todo lo que había era una enfermería con dos vitrinas y una cama.
En ese tiempo, Manzanillo era poco más que dos calles encañonadas entre los cerros, con la laguna de Cuyutlán en un extremo y el mar en el otro. Las casas eran casi todas de madera, de dos pisos, con su balcón para tomar el fresco. Casi en la playa, estaba la plaza  principal con palmeras, puestos de palapa y una escuela primaria. Algunos comercios de chinos vendían los abarrotes indispensables para la vida diaria.  En el mercado se podía comprar pescado en abundancia y un poco de carne. Las verduras eran escasas y marchitas porque las traía el camión desde Ciudad Guzmán. Para comprar cualquier otra cosa, tela, ropa, zapatos, había que ir a Colima.
El doctor Alatriste era entonces un joven de cuerpo atlético. Usaba un bigote negro y tupido, recortado al estilo de los años cuarenta.  Las fotografías de esa época nos muestran a un hombre sonriente y fortachón, que practica posiciones de yogui en las playas de La Audiencia, de Yates o de las Hadas.
Se propuso vivir para siempre cerca del mar. Perdió algunas promociones en la Armada por no querer salir de Manzanillo. Solo muchos años después, jubilado, viudo y con diabetes, se resignó a vivir lejos del mar.
Su esposa Carmelita, en cambio, no perdía la esperanza de regresar a la Ciudad de México y volver a ejercer su profesión de bióloga. El calor del puerto la agobió toda su vida y no le gustaba nadar en el mar.
Se entiende que el doctor no quisiera salir de Manzanillo. A él sí le gustaba nadar. Con sus aletas, se alejaba de la playa hasta que los turistas lo perdían de vista y se alarmaban. Cuando regresaba, bromeaba con quienes le reprochaban haber ido tan lejos.
Los domingos, salía con sus amigos  a bucear en las bahías de Manzanillo y de Santiago. Se iban temprano en una lancha hasta la roca del Elefante o más allá. Cuando tenía oportunidad, navegaba en los barcos de guerra: el Querétaro y el Potosí. En uno de esos viajes, visitó la isla Socorro. Ahí buceó y perdió el miedo a los tiburones
Dadas las limitaciones de la enfermería, la Armada rentaba un quirófano del hospital de la Secretaría de Salubridad cuando tenía que hacer cirugía. Operaba a las seis de la mañana porque luego ya no se podía con el calor. Después, le tocó coordinar el primer Hospital de Marina en el puerto; estaba en un ala rentada al Hospital de la Secretaría de Salubridad. Ahora hay un gran hospital de la Armada en Las Brisas. En ese hospital murió Carmelita en 1994.
Cuando llegaron a Manzanillo, recién casados, les asignaron una casa en la zona naval. Ahí vivieron hasta que el gran ciclón de 1959 la destruyó totalmente. Sólo quedó el baño de mampostería en el que se refugiaron con su hija Patricia. Ese 27 de Octubre, murieron más de mil personas. Los siguientes días, el doctor tuvo que ir a atender a los damnificados. Patricia recuerda que se iba en helicóptero temprano y regresaba hasta casi la noche. No olvidaba llevar su cámara. Las fotografías que tomó desde el aire, muestran la magnitud del desastre.
La cámara del doctor Alatriste registró la historia del puerto de Manzanillo. Su crecimiento desde ser un lugar agreste y remoto hasta ser un puerto de altura y centro de atracción turística. Captó los terremotos, los huracanes, los incendios, los barcos hundidos, los desfiles, los bailes en el club de leones y las reinas de belleza que ya nadie reconoce. Todo está en miles de fotografías que tomó.
En 1962 fue designado como médico a bordo en un viaje de prácticas que visitaría varios puertos de centroamérica. Le encargaron seleccionar a los oficiales que irían en el viaje. "¿A usted le gusta beber?"  preguntaba a los candidatos. A quienes le respondían que no, los descartaba. "Quiero que sepan tomar -explicaba- porque en las recepciones nos ofrecerán mucho alcohol y ni modo que los mexicanos se emborrachen; deben aguantar el paso de los marinos  centroamericanos."
Durante el viaje, uno de los guardiamarinas  enfermó de apendicitis aguda y había que operarlo. Pero el barco no tenía quirófano ni equipo adecuado. El doctor estaba dispuesto a operar con lo que hubiera disponible, pero no faltaba mucho para llegar a Panamá y decidieron esperar. Cuando llegaron, obtuvieron permiso para que él hiciera la cirugía en el hospital naval norteamericano de la zona. Siempre habló con admiración del equipo del hospital y del médico norteamericano que lo ayudó en la operación.
Filmó una película de ocho milímetros que lo mostraba fumando su pipa en la cubierta del barco cuando partió rumbo a  centroamérica. La película mostraba también, con poca prudencia,  a una muchacha panameña a la que le gustaron los modos del médico mexicano. Quién sabe si cuando seleccionó a la tripulación, había alguna pregunta referente a las muchachas que los marineros dejan en los puertos.
Muchos años después, cuando el doctor se quedó solo y andaba desamparado como náufrago, habló de volver a navegar; y quizá ¿por qué no? visitar Panamá que es tan bonita.
El lenguaje de los marineros le ayudaba a pensar en tierra. Ante situaciones inciertas, navegaba al pairo -ir despacio y con precaución- o capeaba el temporal. Si algo se perdía sin remedio, se había ido por ojo. Los autobuses y los coches tenían babor y estribor. Cuando iba a manejar en viajes largos,  se ponía su uniforme caqui de faena y acomodaba con precisión todas las maletas y bolsas porque en los submarinos hay que aprovechar muy bien el  espacio. Al llegar, anotaba la singladura en la bitácora que traía siempre en la guantera del coche.
El lenguaje de las emociones humanas le servía para describir el mar que era lábil y podía enfurecerse,  seducir, traicionar o amar a los marineros.
Hablaba con mucho afecto del Almirante Carrera quien fue su comandante de zona muchos años. Carrerita -así le decía- consideraba que las esposas de los oficiales navales también estaban bajo sus órdenes y las organizaba para que prepararan las cenas de navidad y las celebraciones de los marinos.
Con menos estima recordaba al almirante Lang que quería trasladarlo a otra zona naval en el sureste. El doctor tuvo que echar mano de todos los recursos legales a su alcance para quedarse en Manzanillo.
Se jubiló de la Armada con el grado de Almirante. Ya libre de obligaciones, él y Carmelita vivían en  Morelia durante los meses más calurosos. Pero regresaban a Manzanillo a pasar el Invierno. Cuando enviudó, se mudó definitivamente a Morelia donde murió en 1998. Volvió a navegar en un buque de guerra con todos los honores correspondientes a su rango. Desde la cubierta del buque, Patricia arrojó sus cenizas a la bahía de Manzanillo.

Puebla, Pue. Marzo, 2014.