jueves, 6 de marzo de 2014

Notas morelianas, 5: Tecnología y artesanía

Conservo en algún cajón, un 'teclado para pies' que construí para los niños y adultos con parálisis cerebral. Es una de las varias 'cajitas michoacanas' que hice. Les decíamos así porque para fabricarlos, usaba yo las cajitas de madera que le venden a los turistas en los mercados de artesanía de Michoacán. Les añadía botones, algunos componentes electrónicos  y un cable para conectarlos con la computadora.

En 1989, la película 'My left foot' mostraba cómo un paralítico podía comunicarse señalando las letras de un tablero con el pie. Antes, en 1979, se había publicado un libro sobre Gaby Brimmer cuya inteligencia estaba atrapada en un cuerpo inmovil. Ella también se comunicaba señalando letras con el pie. Pensé que una computadora sería muy útil para quienes no pueden moverse.

En Morelia contacté a los miembros de la Asociación pro Personas con Parálisis Cerebral, APAC, para convencerlos de la posibilidad de usar la computadora en vez de los tableros de letras. Habían intentado usarlas pero los niños rompían los teclados con sus movimientos bruscos. Empecé a trabajar en el consultorio con algunos clientes paralíticos. Construí las cajitas michoacanas y elaboré programas educativos y para comunicación. Bastaba tener control voluntario sobre un movimiento, por  limitado que fuera, para usar la computadora.

Desarrollé un programa para hablar con ayuda de la computadora. Los mensajes estaban pregrabados y se debía escoger cuál decir. Para seleccionar el mensaje, se usaba la cajita michoacana que se podía operar con el pie o con la cabeza. Me hacía un poco de gracia oír mi propia voz expresando los deseos de otra persona.

Años después, los programas educativos me sirvieron para crear un laboratorio de educación especial en la Universidad de Tlaxcala. Mis nietos alcanzaron a utilizarlos en una vieja laptop que todavía los corre.

Con la intención de atraer posibles clientes, escribí un artículo para el periódico sobre esa tecnología. El resultado accidental fue que me convertí en colaborador semanal de la página editorial de La Voz de Michoacán.

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