viernes, 13 de mayo de 2016

TODO CABE EN UN CURRICULUM



Los bajos sueldos de los maestros universitarios han hecho que compitan entre ellos viendo quién tiene más curriculum. Los aumentos, las bonificaciones, las recategorizaciones, y las otras migajas que les tiran a los profesores se ganan por tener mucho currículum.

El currículum es un listado que cada quien hace de sus propios méritos. Ahí enumera los estudios que ha hecho, los lugares en que ha trabajado, lo que ha escrito, los cursos que ha tomado, y cualquier otra cosa que le pueda favorecer. Siempre que hay un beneficio disponible, los profesores entregan sus currículos. Una comisión evalúa los meritos de cada aspirante y decide 'por currículum' a quien le toca el premio.

Claro que cada quien tiene que demostrar los méritos que se atribuye. Para esto se inventaron las constancias. Las constancias son cualquier documento, diplomas o papeles membretados firmados por alguien, en el que 'se hace constar que el Sr(a) _________ participó en el curso de _____ con más del 80% de asistencias'.

Un currículum sin sus respectivas constancias no vale nada. Por esta razón, los profesores las atesoran como si fueran estampitas. Y no quieren hacer nada si no les dan constancia. Que se ofrece un curso sobre la Secta de los Impacientes. Bueno, si dan constancia, yo voy. Que esto no tiene que ver con tu especialidad. No le hace.

La sed de constancias es tal que los pobres profesores ponen hasta copias de los gafetes que les dan para entrar a las conferencias; y aún fotocopias de los boletos que tuvieron que pagar para el evento. Hubo uno que entregó fotografías en las que se le ve muy atento en un curso de capacitación.

Ninguno quiere desperdiciar su tiempo asistiendo a cursos en los que no dan constancia. Tampoco a los que tienen duración menor de 40 horas. Es que han oido decir que las comisiones evaluadoras de currículos no toman en cuenta cursos breves. No importa que el curso sea valioso, si no cuenta para el currículum, no lo toman.

En los países civilizados también evalúan a los profesores por su curriculum; pero lo único que cuenta son los libros y los artículos publicados. Aquí, como los profesores no pueden escribir ni tienen dónde publicar, casi lo único que cuenta son los cursos y conferencias que han escuchado (si es que les dan constancia).

A la hora de evaluar los méritos de un profesor, lo que ha hecho o dicho importa menos que los cursos a los que atiende. El aplastante 'publica o perece' de las universidades del primer mundo, se cambió por el cómodo 'atiende y asciende'.

Un profesor que logra interesar a los alumnos en su materia se gana el respeto de sus colegas. Lo mismo un profesor que dedica tiempo extra a convivir con los estudiantes. Pero de esto nadie da constancias con valor curricular. Los profesores que disfrutan del conocimiento y sienten placer por aprender son bobos que no piden constancias; y son también los mejores profesores.

Hay algo perverso en el supuesto de que quién ha tomado más cursos y asistido a más conferencias merece más oportunidades y estímulos. La calidad de los profesores se demuestra en las clases que da, no en las que toma; con los estudiantes que forma, no con los conferencistas que escucha. Mucho menos se demuestra con los kilos de constancias que ha sabido acomodar en su currículum.

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Publicado en: Periódico Cambio de Michoacán Morelia, Mich.
Fecha de publicación: 31/01/96
Comentario del autor: Siempre me molestó la apetencia por las constancias entre los universitarios. Pero son las autoridades universitarias quienes la fomentan tomándolas en cuenta a la hora de los ascensos. El lapidario "publish or perish" de los norteamericanos me parece una política más sensata para valuar a los profesores de nuestras universidades.
Mi amigo, el ingenioso Rolando Cárdenas, completo el refrán: Todo cabe en un currículum, sabiéndolo presentar.
P.S. Diciembre 2004: La apetencia por las constancias, también llamadas 'estampitas' o 'panchólares', continúa. De hecho, algunas universidades han establecido normas sobre cuántas estampitas deben juntar los profesores anualmente. Quizá esa sea la única alternativa razonable en un medio académico caracterizado por la escasa producción escrita.


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