martes, 16 de agosto de 2011

Tesis y antítesis sobre el uso de la web en la educación superior

Estos dos textos los escribí el mismo día. El primero, la tesis, la preparé para una presentación ante colegas interesados en la educación. El segundo, la antítesis, la escribí como notas sueltas para dar voz a la falta de sinceridad que sentí al escribir la tesis. Esta antítesis aparece en este mismo blog con el título ¿Todo está en la web?


TESIS
Lo que ahora sucede en las aulas y laboratorios de nuestras universidades no es muy diferente de lo sucedía hace 50 o 60 años; no sólo antes de la web, antes incluso de las fotocopias. Quizá la mayor diferencia es que ahora se usan presentaciones power point y antes se usaban rotafolios o proyectores de transparencias. Claro que los planes de estudio se han actualizado y la bibliografía ha cambiado, pero los currículos son los mismos: una rejilla de materias que se repiten regularmente cada semana con un cierto número de horas dedicado a cada materia de la profesión que se trate. El proceso educativo sigue siendo el mismo: los maestros vienen, dan su clase, dejan trabajos, ponen exámenes y asignan calificaciones. Los alumnos atienden, toman apuntes, preguntan dudas, estudian y responden los exámenes. ¿Así está bien? ¿Esa es la forma definitiva de formar profesionistas?


Como zombies, las universidades y las instituciones de educación media superior, siguen haciendo automáticamente lo que siempre han hecho sin mirar lo que tienen alrededor. Su reacción ante el tsunami educativo que viene es de estupor. Basta una tarde de exploración en la web para descubrir decenas de modalidades educativas que se utilizan para la formación y actualización profesional. La educación universitaria que conocemos, la que se sigue impartiendo como si la web no existiera, está obsoleta. Aun los ‘cursos online’ mediante ‘Moodle’ o ‘Blackboard’ están ya en camino de la obsolescencia.


Los cursos formales están desapareciendo. En su lugar encontramos ‘webinars’, video conferencias, ‘white papers’, certificaciones online, exámenes online, grupos de interés anidados dentro de las redes sociales, ‘video on demand’, ‘live streaming’, libros y revistas electrónicas, tutoriales, pizarrón compartido, infografías y otras novedades que surgen cada día.
Ya no es necesario estudiar y memorizar; los e-readers, las tablets, los smartphones, permiten tener en la mano, accesible en segundos, cantidades inimaginables de información. Lo que sí es necesario es poder aprovechar esa información.
Una de las características más atractivas de mucha educación disponible en la web es su caracter autoadministrado; ni los contenidos ni los tiempos son compulsivos. El aprendiz tiene absoluta libertad para seleccionar lo que quiere aprender y cuánto tiempo le dedicará.
Por otro lado, los planes de estudio de las universidades, la planeación e impartición de la enseñanza se siguen haciendo como si nada de lo anterior existiera. En los planes de estudio se define qué y cuándo debe estudiar cada quién dándole un mínimo o nada de libertad al aprendiz. Los maestros y las autoridades educativas tienden a considerar los recursos en la web como un estorbo y buscan maneras de excluirlos mediante prohibiciones. No les falta razón: la web es una interferencia poderosa y una amenaza que acabará por destruir la educación que conocemos.
Una educación profesional pensada para aprovechar la web podría incluir cursos como:
-Fuentes de información especializadas para los contenidos o necesidades de cada profesión
-Técnicas de investigación en la web.
-Recursos de autoinstrucción en la web
-Comunidades virtuales de aprendizaje
-Elaboración de material multimedia relacionado con la profesión
-Localización, selección y resumen de información sobre los temas de la profesión.
.La lectura y comprensión del idioma inglés, en el cual se publica la inmensa mayoría de la información de cualquier profesión.


Las competencias de cualquier profesión en este momento deben incluir:
-Solución de problemas de la profesión utilizando información confiable disponible en la web
-Elaboración y presentación multimedia de propuestas de trabajo
-Uso de laboratorios y simuladores virtuales
-Manejo de juntas y encuentros virtuales
-Elaboración colectiva de documentos
-Uso de los recursos en la web para el trabajo profesional


El papel de los maestros debe cambiar: aquellos que tienen algo original que decir porque han investigado o pensado por su cuenta podrán generar sus propias publicaciones y dar conferencias para quien quiera oírlas. Aquellos maestros que conocen bien la información relacionada con la profesión perderán su papel principal de intermediarios entre los libros y los estudiantes para convertirse en guías y mentores de los estudiantes. Esto ya se ve en la educación extrauniversitaria, la que pagan las organizaciones para sus ejecutivos. La capacitación se realiza mediante procesos de ‘coaching’, ‘mentoring’ y discusión de casos reales ajustados a las necesidades de la empresa. Las organizaciones son cada vez más renuentes a pagar capacitación consistente en clases dadas al estilo universitario.


Muchos proyectos educativos en la web y la educación extrauniversitaria en general nos facilitan percibir la diferencia entre dos funciones que cumplen las instuciones educativas: la función de enseñar y la función de certificar. Por ejemplo cuando el MIT pone a disposición de todo el mundo sus cursos, textos y videos incluidos, está enseñando a cualquiera que deseé aprender. Pero por más cursos que haya tomado un internauta, el MIT no lo certificará. Algunas insitituciones educativas como Harvard cobran a quiera leer su material educativo y tampoco emiten certificado alguno; Harvard se responsabiliza de la calidad de su material pero el aprovechamiento es responsabilidad del cliente. Otras instituciones ofrecen gratuitamente instrucción de excelente calidad pero cobran a quien quiera certificarse. Aun otras, no ofrecen instrucción pero sí cobran por emitir certificaciones a quien quiera tener un documento que acredite sus competencias.
La educación universitaria actual intenta cumplir esas dos funciones cuya confusión produce graves malentendidos sobre la calidad de las universidades. En el momento de impartir clases, la universidad enseña. En el momento de emitir el título o licencia profesional, la universidad certifica que el estudiante es capaz de ejercer una profesión. Pero el único criterio que tienen la universidad para emitir esa certificación es que el estudiante aprobó todos los cursos y realizó un examen final o tesis. Los malos entendidos se producen porque se confunde la calidad de la enseñanza con la competencia profesional de los egresados.
Las organizaciones que venden capacitación, online o en vivo, simplemente cobran por impartir el curso pero no certifican que quien lo haya tomado tenga nuevas competencias o habilidades. Quien quiere una certificación debe pasar por un proceso diferente a la mera enseñanza. Sería una locura que las empresas de capacitación certificaran a todos sus estudiantes con el único requisito de haber estado en su curso. Pero algo así es precisamente lo que hacen las universidades.
Quizá es tiempo de que las universidades separen esas dos funciones que ya están separadas en otros ámbitos educativos. Por un lado pueden enseñar a quien quiera aprender algo y por otro lado pueden certificar a quien quiera cumplir los requisitos. Pueden vender enseñanza y pueden vender certificados sin que necesariamente los clientes de un proceso sean los del otro. Pueden incluso vender capacitación para obtener la certificación que emita un tercero.
La revolución de las comunicaciones representada por la web ha traído una interminable variedad de nuevas formas de educar. A la luz de esas novedades vemos mejor lo que debe cambiar de lo antiguo. Como siempre, lo nuevo altera el entorno, y lo antiguo debe evolucionar para sobrevivir. Lo antiguo en este caso es nuestra educación superior que no puede permanecer igual que los últimos cincuenta años.
Para resumir, las propuestas básicas de este texto para poner al día nuestra educación superior son:
Convertir a la web en la principal fuente de información técnica, científica y humanista para todas las profesiones.
Enseñar a los futuros profesionales a encontrar la información que necesitan y a convertirla en soluciones prácticas y en nuevo conocimiento.
Las universidades deben revisar todo su proceso educativo, no sólo los contenidos de los cursos.
Avanzar en la separación de las dos funciones de la educación superior: enseñanza y certificación.


ANTÍTESIS

Me parece que no todo lo que tenemos que aprender es a usar la información correctamente. Parece mentalidad de ingeniero pensar que ‘puedes hacer cualquier cosa si tienes la información adecuada’. En ese caso la solución de cualquier problema se reduce a encontrar la información necesaria y por tanto viva la web donde está toda la información.
Pero hay algo que aprendemos no a partir de la información sino a partir del convencimiento de que algo es verdadero. Aprendemos a interpretar el mundo. Puedo leer a Freud, creer en sus teorías y interpretar la conducta de los demás de manera psicoanalítica. O leo a Santo Tomás e interpreto el mundo según él. Al interpretar el mundo desde cierta óptica puedo discurrir posibilidades y probar ciertas soluciones. En cierto modo, tengo un modelo del mundo que me sirve para orientarme en él. El modelo psicoanalítico, el modelo conductista, el modelo teológico, el modelo biológico, el modelo ingenieril, el modelo estadístico, el modelo narco,  el modelo policiaco, etc. Quizá es necesario tener varios modelos y poder cambiarlos cuando alguno no aplica.
No veo cómo alguien puede hacerse de un modelo útil del mundo a partir de búsquedas en la web. No todo lo que queremos enseñar en la universidad es ‘solución de problemas mediante la aplicación de la información adecuada’. También queremos ofrecer modelos del mundo y convencer a los estudiantes de lo correcto de los mismos para que puedan ‘orientarse’.
No queremos solo formar ingenieros de cualquier cosa: ingenieros sociales, ingenieros educativos, ingenieros ecológicos, ingenieros espirituales, etc. Tampoco es suficiente con querer también crear ‘investigadores’ que producen la información que los ingenieros utilizarán. Esos dos tipos de profesionales están bien pero no son suficientes y quizá no sean necesarios. Necesitamos principalemente personas que puedan interpretar el mundo según uno o varios modelos y puedan encontrar soluciones nuevas, (todos los problemas son nuevos) y que sepan cuándo necesitan buscar qué información. También personas que puedan crear y comunicar modelos del mundo.

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